B) El testimonio de la mortaja de Jesús.
1) Según los tres evangelios sinópticos, José de Arimatea descolgó el cadáver de Jesús de la cruz, lo envolvió en una “sábana” (en griego: sindo@na, en singular femenino), y lo dejó en un sepulcro (Mateo 27:57-60; Marcos 15:43-46; Lucas 23:50-53). En estos pasajes, se fundan los partidarios de la Sábana Santa de Turín, para decir que esa sábana fue la mortaja de Jesús de Nazaret. Pero el evangelista Juan dice que, después de ser dejado el cuerpo de Jesús en el sepulcro, se juntaron allí José de Arimatea y Nicodemo, y embalsamaron el cuerpo de Jesús con unas “cien libras” de “mirra” y “aloes” envolviéndolo con “pedazos de lienzo” (en griego: o’qoni@oij, en plural neutro, Juan 19:38-40). Esos “pedazos de lienzo”, por las prisas del momento, se usaron en lugar de las vendas que se usaban para amortajar, como se ve en la mortaja de Lázaro (Juan 11:44; 19:41-42).
2) Los pedazos de lienzo, juntos con esos productos resinosos, se pegaron en el tronco y los miembros del cadáver, como una segunda piel, de suerte que, para llevarse el cuerpo muerto, había que hacerlo con la mortaja pegada, o deshacerla arrancando esos pedazos de lienzo del cuerpo; pero ninguna de esas dos cosas había sucedido; porque, cuando entraron en el sepulcro los apóstoles Pedro y Juan, vieron los lienzos “puestos allí” (puestos = kei@mena, en griego), que significa: “puestos”, “yacentes”, “aplanados”, etc. Por tanto, los pedazos de lienzo no estaban desordenados como habría sucedido en caso de haber sido arrancados del cuerpo, sino que, al salir Jesús de su mortaja sin deshacerla (como después entró estando las puertas cerradas donde estaban los apóstoles reunidos, Juan 20:19), la parte alta de ella cayó sobre la parte baja; por esto, los pedazos de lienzo que la formaban estaban “aplanados”. Por tanto, Pedro y Juan vieron que la mortaja de Jesús estaba intacta, como la habían dejado envolviendo el cadáver, pero el cuerpo de Jesús no estaba dentro de ella. Así, Jesús dejó, en su mortaja, una prueba física tangible y concluyente de su resurrección; y esa mortaja fue vista por los apóstoles Pedro y Juan, quien, cuando vio la mortaja, “creyó”, como lo dice él mismo (Juan 19:38-42; 20:1-8).
3) Ahora bien, a pesar del relato tan claro y concluyente del evangelio de Juan en lo que se refiere al embalsamamiento y mortaja de Jesús, hecha con “pedazos de lienzo”, los partidarios de la Sábana de Turín manipulan la Biblia escamoteando todo lo que dice el evangelio de Juan sobre este asunto. Por otra parte, si al cadáver de Jesús lo llevaron al sepulcro con una sábana, y luego lo envolvieron con “pedazos de lienzo”, que es lo que había después de la resurrección en el sepulcro, más el sudario puesto sobre la cara, y no se dice que allí estuviera la sábana, ¿qué pasó con ella y de qué tela sacaron los pedazos de lienzo? En mi obra: Jesús de Nazaret (Un personaje histórico), pp. 287-296, está tratado minuciosamente este asunto de la mortaja de Jesús.
C) El testimonio del apóstol Pablo.
El apóstol Pablo, escribiendo a los Corintios hacia el año 57, afirma que Jesús, después de su resurrección: “…apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.” (1 Corintios 15:6). Puesto que Jesús resucitó el día 9 de abril del año 30, habían pasado sólo 27 años; por tanto, es normal que todavía vivieran muchas de aquellas quinientas personas que ya vivían en el año 30. Pero, ¿quién se atrevería a escribir algo así sin ser eso totalmente cierto? ¿Se atrevería a escribir alguien una cosa semejante sobre algún personaje de la historia reciente muerto hace unos 25 años?
D) El testimonio del evangelista Lucas.
1) Lucas terminó de escribir el libro Hechos de los apóstoles hacia el año 63. Este libro es una obra totalmente histórica, que constituye la primera Historia de la Iglesia, cuando muchos de sus protagonistas estaban todavía vivos; por ejemplo, el apóstol Juan, que murió pasado el año 100. Pues bien, Lucas, refiriéndose a Jesús y a los apóstoles, dice: “…a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.” (Hechos 1:3). Es de notar que Lucas escribió su evangelio antes que este libro de los Hechos; y el evangelio de Lucas (y los otros dos de Mateo y Marcos) dicen que Jesús, durante su ministerio, sólo celebró una fiesta de la Pascua, que fue en la que murió. Pues bien, Juan, que escribió su evangelio después de los otros tres, completa el relato de ellos colocando en sus debidos lugares las cuatro Pascuas que celebró Jesús durante su ministerio; esto supone que el ministerio de Jesús duró más de tres años, mientras que, según los otros tres evangelios, sólo duró poco más de un año. Ahora bien, Juan, que tan meticulosamente puntualiza lo dicho por Lucas en su evangelio (como hace con los otros dos), no corrige en absoluto lo dicho por Lucas en Hechos 1:3, a pesar de que le afectaba a él directamente. Por tanto, de no haber sido cierto que Juan estuvo reuniéndose durante cuarenta días con Jesús después de su resurrección, el mismo Juan habría corregido con toda seguridad ese relato de Lucas, como hace en los tres evangelios en esa ocasión citada sobre la mortaja de Jesús.
2) Por consiguiente, lo que sucede hoy es que muchas personas se interesan más por los cuentos que cuentan los adversarios de Cristo, que manipulan la Biblia; como John Dominic Crossan, católico y profesor de Estudios Bíblicos en Estados Unidos”, que dice: “…su tumba, por fuerza poco profunda y cavada de prisa y corriendo, sería en seguida descubierta por los perros y de más animales carroñeros.” (Jesús: biografía revolucionaria, 1996). A éste, contradice Gerd Lüdemann, “…profesor de Nuevo Testamento y Director del Instituto de Estudios Cristianos Antiguos en la Facultad de Teología de la Universidad de Gotinga”, que afirma: “Digámoslo, por tanto, de forma totalmente concreta: la tumba de Jesús no estaba vacía, sino llena, y su cadáver no se esfumó, sino que se descompuso.” (La resurrección de Jesús, 2001). Ahí está la contradicción entre estos dos incrédulos, y la manipulación que hacen de la Biblia sin aportar pruebas. Más les valdría tener en cuenta lo que dice el apóstol Pablo: “Porque si confesares con tu boca al Señor Jesús y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9).
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